Un cuento: El cumpleaños de Priscila

Para que aprendáis a compartir, a no malgastar y a valorar cosas más allá de las materiales os hemos escrito este cuento, que esperamos que os haga pensar y, sobre todo, que os guste.

 

Priscila es una chica de catorce años, que vive con sus padres y su hermana de diez años en un bonito barrio residencial a las afueras de Madrid. Son una familia acomodada y Priscila no carece de nada, es caprichosa y disfruta estrenando cada día un conjunto.

Se acerca su quinceavo cumpleaños y sus padres se preguntan qué le gustaría a Priscila para su quinceavo cumpleaños.

 

Ellos quieren mucho a su hija y le darían cualquier cosa que pidiese, pero ella parece no preocuparse por nadie ni nada  que no sea ir a la última moda y presumir delante de sus compañeros y compañeras de su instituto.

Se salta las clases, no muestra interés por los estudios y no tiene ninguna obligación en casa ya que en la casa vive también una mujer que se encarga de todas las tareas domésticas.

Adela, la emplea del hogar, tiene una hija, Rocío, de la misma edad que Priscila pero ella no tiene tantos lujos como Priscila y se suele vestir con la ropa que esta desecha, cuando se cansa de ella. Además, se encarga de todas las tareas que sus padres le ponen en casa y Priscila no cumple e incluso le hace los deberes del instituto mientras ella está de fiesta o de compras con sus amigas y amigos.

 

A los padres de Priscila no les gusta su actitud pues ellos son de origen humilde y han tenido que trabajar mucho en la vida para poder conseguir todo lo que tienen ahora. Pero se limitan a decir: "algún día se dará cuenta de lo equivocada que está y cambiará".

 

Faltaban dos días para el cumpleaños de Priscila; paseaba por el jardín de su casa cuando se sentó en la hamaca del jardín y comenzó a hacer una lista de todos los regalos que pediría para su cumpleaños:

-Pediré un Ipod nuevo de última generación, una moto para ir al instituto y, aprovechando que se acercan las rebajas, dinerito para comprar ropa de marca, quizás podría organizarse un viaje a Nueva York (le habían dicho que allí hay unas rebajas y una ropa fantástica).

 

Ilusionada, pensando en todo lo que le regalarían, se quedó dormida en la hamaca.

De repente, abrió los ojos y se vio en una calle desconocida. Muy angustiada se levantó y trató de encontrar el camino de vuelta a casa, pero estaba desorientada y le preguntó a un hombre que pasaba por allí:

- Por favor, ¿sabe usted donde está la calle Gardenia?

- Sí, sigue por esta acera y gira en la tercera calle a la derecha.

- Gracias.

- De nada.

 

Se dirigió a la dirección que el hombre le indicó pero solamente encontró una casa muy humilde. Sorprendida y extrañada llamó a la puerta.

Un hombre joven con gafas y un delantal blanco le abrió la puerta. Priscila no entendía nada. Dentro del domicilio había un pequeño taller de costura y, en la misma habitación, había una cama donde se encontraba una anciana enferma, que el hombre cuidaba.

 

El rostro del hombre le era muy familiar y con razón: era idéntico a su padre cuando era joven, lo sabía por la foto que tenía en su salón. Se trataba de un pobre sastre que cuidaba de su madre enferma con la que compartía lo poco que podían comprar para comer y así salían adelante mes a mes.

Un fuerte ruido de la calle la despertó bruscamente y cuando abrió los ojos se encontró en el jardín de su casa, tumbada en la hamaca en la que se había quedado dormida.

 

Solamente quedaba un día para su cumpleaños cuando su padre se acercó para preguntarle qué le gustaría que le comprara para su cumpleaños:

- Papa, sólo quiero tres cosas.

-¡¿Qué barbaridad me pedirá ahora?!-pensó el padre, pero le dijo a Priscila: ¿Si, hija mía?

- Quiero hacer un curso de inglés, para mejorar mis estudios, quiero dinero para comprarle a Rocío ropa, que le hace falta y no use lo que yo desecho y, si es posible, que toda la familia vayamos un fin de semana juntos de viaje a algún lugar para celebrar en familia mi cumpleaños y estar más tiempo todos juntos.

 

Su padre se emocionó con sus peticiones.

-Ahora podemos decir que nuestra pequeña se está convirtiendo en una mejor persona-le dijo a su esposa.

 

 

FIN